En química, la trazabilidad se sostiene sobre una cosa muy concreta: que el código impreso en el envase siga siendo legible cuando alguien lo necesite. Y en este sector el envase es lo que más castiga al código, porque el propio producto que contiene ataca a la tinta.
Un bidón de polietileno con disolvente derramado por fuera, un IBC que pasa meses a la intemperie, un saco de granza que se roza en el transporte. Si el lote no se lee, no hay retirada selectiva posible: hay que retirar todo lo que pueda estar afectado. Esta es la parte operativa del asunto, la de qué se marca, sobre qué y con qué tecnología.
Qué hay que poder rastrear
La trazabilidad del sector químico se apoya en tres marcados que conviven en el mismo envase y que se hacen de forma distinta:
| Marcado | Qué contiene | Cómo se aplica |
|---|---|---|
| Etiqueta CLP | Pictogramas de peligro, palabra de advertencia, indicaciones H y P, identificación del proveedor | Etiqueta preimpresa o impresa a color, aplicada al envase |
| Código de producción | Lote, fecha de fabricación, turno, línea | Marcaje variable en línea: CIJ, láser, TIJ o alta resolución |
| Identificación logística | GS1-128 con SSCC en el palé, número ONU y etiquetas de transporte | Etiqueta de palé impresa y aplicada al expedir |
Los tres tienen que coincidir. El fallo más caro no es que falte un código: es que el lote de la etiqueta y el del envase no sean el mismo, porque entonces el sistema dice una cosa y el producto físico dice otra. Cómo debe componerse la parte reglamentaria está en cómo debe hacerse el etiquetado de un producto químico.
El problema real: la tinta contra el producto
Aquí es donde la química se diferencia de casi cualquier otro sector. Un código de lote en un envase de alimentación tiene que sobrevivir al frío y al roce. En química tiene que sobrevivir además a que le caiga encima el propio contenido del envase, o el disolvente con el que se limpia la planta.
Una tinta estándar de inkjet continuo se disuelve con un trapo con alcohol. Para este sector existen tintas específicas de alta resistencia a disolventes y a la abrasión, y elegirlas no es un extra: es la diferencia entre un código que dura y uno que desaparece en el primer trasiego. Las familias disponibles y sus criterios están en tipos de tintas industriales y en el catálogo de consumibles de tinta.
La alternativa definitiva es no depender de la tinta. El marcaje láser modifica el propio material del envase, así que no hay nada que disolver ni que rayar. Sobre polietileno y polipropileno, que es de lo que están hechos la mayoría de los bidones y garrafas del sector, un láser deja una marca que no se va con ningún producto. La comparación entre ambas vías está en marcaje láser frente a inyección de tinta.
Un aviso sobre las tintas y el entorno
Las tintas de inkjet continuo son base disolvente, normalmente cetonas o alcoholes, y por tanto inflamables. En una planta química eso importa dos veces: al almacenar el consumible y al decidir dónde se instala el equipo. Si el punto de codificación cae dentro de una zona con atmósfera potencialmente explosiva, la instalación tiene que evaluarse según la clasificación de esa zona antes de colocar nada.
No es un detalle burocrático: condiciona la tecnología. En algunos puntos la solución pasa por marcar antes o después de la zona clasificada, o por usar una tecnología que no aporte disolvente al ambiente. Es de las primeras cosas que miramos cuando el proyecto es de este sector.
Qué tecnología según el envase
- Bidón y garrafa de polietileno. Superficie de baja energía y a menudo con textura. El CIJ con tinta de adherencia específica funciona bien; el láser da permanencia total. La etiqueta necesita adhesivo formulado para baja energía o se levanta por las esquinas.
- IBC y contenedor grande. Códigos grandes y legibles a distancia sobre superficie amplia. Es el terreno de la impresión de alta resolución DOD, que marca caracteres de gran tamaño directamente.
- Saco y big bag. Material poroso y flexible que se deforma al pasar. La TIJ y la alta resolución trabajan bien sobre polipropileno tejido y papel kraft.
- Envase pequeño de laboratorio o reactivo. Poco espacio y necesidad de mucha información: manda la etiqueta, con material sintético y ribbon de resina para que resista el manejo y los productos.
- Palé de expedición. Etiqueta logística con GS1-128 aplicada tras el envolvedor, según lo que recoge la normativa de etiquetado de palés. Configuraciones en etiquetado y codificación de palés.
El resumen por nivel de embalaje está en embalajes primarios, secundarios y terciarios, y el panorama completo de tecnologías en codificación y marcaje.
Imprimir no es trazar
Un código impreso solo sirve si alguien puede leerlo y si ese dato está registrado en algún sitio. Dos piezas cierran el círculo:
Verificación en línea. Un lector comprueba que el código impreso es legible y correcto antes de que el envase siga adelante. Sin esto, un cabezal parcialmente obstruido puede estar produciendo códigos ilegibles durante horas sin que nadie se entere. Es lo que cubre verificación y trazabilidad.
Registro conectado. El dato de qué se imprimió, cuándo y sobre qué unidad tiene que llegar al sistema de gestión. Si el operario teclea el lote a mano en la codificadora, la trazabilidad depende de que no se equivoque al teclear. Lo desarrollamos en software de trazabilidad industrial.
Con las dos, una incidencia se acota a un lote concreto en minutos. Sin ellas, se acota a «lo fabricado esa semana».
Errores que vemos en planta
- Tinta estándar en envase con disolvente. El código se lee perfectamente en fábrica y ha desaparecido al llegar al cliente.
- Etiqueta de papel en almacén exterior. Ondula, se despega y arrastra consigo el código de barras. Requiere sintético, como se ve en etiquetado para entornos agresivos.
- Lote introducido a mano. Un dígito mal tecleado invalida la trazabilidad del turno entero.
- Marcar sobre la zona de agarre. El código va donde se manipula el envase y se borra por roce aunque la tinta sea la adecuada.
- Sin verificación de lectura. Nadie comprueba el código hasta que un cliente reclama.
Preguntas frecuentes sobre trazabilidad en la industria química
¿Qué información debe llevar el envase de un producto químico?
Conviven tres marcados. La etiqueta CLP con los pictogramas de peligro, la palabra de advertencia y las indicaciones H y P. El código de producción con lote y fecha, que es el que permite la trazabilidad y se imprime de forma variable en línea. Y la identificación logística del palé con GS1-128 y el número ONU cuando aplica el transporte de mercancías peligrosas. Los tres deben coincidir entre sí.
¿Por qué se borra el código de lote en los envases químicos?
Porque se ha usado una tinta estándar. En este sector el código está expuesto al propio producto del envase, a restos de derrame y a los disolventes de limpieza de planta, que disuelven las tintas convencionales. La solución es una tinta específica de alta resistencia a disolventes y abrasión, o pasar a marcaje láser, que modifica el material del envase y no se puede borrar.
¿Qué tecnología conviene para marcar bidones de polietileno?
El polietileno es una superficie de baja energía y a menudo texturizada. El inkjet continuo CIJ con tinta de adherencia específica da buen resultado y permite alta velocidad. El marcaje láser ofrece permanencia total porque actúa sobre el propio material. Si se opta por etiqueta, hay que usar adhesivo formulado para superficies de baja energía o se levantará por las esquinas.
¿Hay que tener en cuenta las zonas ATEX al instalar una codificadora?
Sí. Las tintas de inkjet continuo son base disolvente y por tanto inflamables, tanto al almacenarlas como en el punto de impresión. Si el punto de codificación se encuentra en una zona con atmósfera potencialmente explosiva, la instalación debe evaluarse según la clasificación de esa zona. En algunos casos la solución es marcar antes o después de la zona clasificada, o elegir una tecnología que no aporte disolvente al ambiente.
¿De qué sirve verificar el código además de imprimirlo?
Un cabezal parcialmente obstruido o un ribbon agotado pueden producir códigos ilegibles durante horas sin que nadie lo detecte, y todo ese producto queda sin trazabilidad efectiva. Un sistema de verificación lee el código en línea y comprueba que es legible y correcto antes de que el envase avance. Es lo que convierte la impresión en trazabilidad real y permite acotar una incidencia a un lote concreto en lugar de a la producción de toda una semana.
Cómo lo abordamos
En Surjet trabajamos con fabricantes y envasadores del sector químico en toda España y Portugal. Empezamos por lo mismo siempre: qué envase, qué producto contiene, a qué se expone después y qué te exige tu cliente. De ahí sale la tecnología, la tinta o el consumible, y el punto de la línea donde colocarlo. Puedes ver el planteamiento por sector en codificación para la industria química, y si prefieres que lo veamos con tu caso concreto, escríbenos. Instalación y servicio técnico propios.