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La verificación y la trazabilidad consisten en comprobar en la propia línea, unidad por unidad, que el código impreso o la etiqueta están, se leen y son los correctos, y en dejar registro de ello para poder reconstruir después el recorrido del lote. Se resuelve con lectores de códigos fijos, cámaras inteligentes y sistemas de visión artificial que avisan o expulsan la unidad antes de que el palé salga de la planta.
Un codificador que funciona no garantiza nada. La tinta se corre, el cabezal se ensucia, el operario carga la bobina de etiquetas equivocada, alguien deja el mensaje del turno anterior. El equipo sigue imprimiendo, la línea sigue corriendo y el error viaja hasta el almacén del cliente.
Verificar es cerrar ese hueco. Una cámara o un lector comprueban cada unidad a velocidad de producción: que el código exista, que se lea, que el contenido coincida con la orden de fabricación y que la etiqueta esté puesta donde toca. Si algo no cuadra, se avisa o se rechaza la pieza en el momento.
Es el paso natural después de la codificación y del etiquetado, y en muchos casos ya no es opcional: la gran distribución lo exige por contrato.
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No todo se resuelve con la misma cámara. Esto es lo que suele pedirse y con qué se hace en la práctica.
Antes de instalar nada hacemos una prueba con tu producto real y en tus condiciones de línea. Cuéntanos qué necesitas comprobar.
Un sistema de verificación se compara siempre con su precio de compra. La comparación buena es con el precio de un solo incidente, y esos suelen ir por otro orden de magnitud.
Si el código de la etiqueta logística no se lee en el muelle de destino, el envío se rechaza entero. Pagas el transporte de ida, el de vuelta, el reetiquetado y el hueco en el lineal que no cubriste.
Nadie se da cuenta hasta el final. Entonces hay que decidir entre reprocesar miles de unidades una a una o bloquear el lote. Las dos salidas son caras y ninguna se recupera.
En alimentación, farmacia y cosmética un lote o una fecha equivocados no son un defecto estético: obligan a retirar producto del mercado, con la sanción y el ruido que eso lleva detrás.
Cada vez más clientes de gran distribución exigen verificación en línea y registro de las lecturas para admitirte como proveedor. Sin eso, no entras, por muy bien que esté tu producto. Nuestras certificaciones.
Aparecen en las especificaciones de compras y en las auditorías, y casi nadie los explica. En corto y sin rodeos.
Un código no es legible o ilegible, se puntúa. La escala va de A a F según contraste, uniformidad y defectos de barra. Muchos pliegos exigen grado C o superior, medido y registrado, no a ojo.
Leer es comprobar que un escáner concreto entiende el código hoy. Verificar es medir su calidad contra la norma, que es lo que predice si seguirá leyéndose en el escáner de otro dentro de seis meses.
El estándar de la etiqueta logística de palé y el número de serie que identifica esa unidad de expedición. Es el dato con el que el almacén de tu cliente da entrada a la mercancía.
Código 2D que mete GTIN, lote y caducidad en pocos milímetros. Es el formato habitual cuando no hay sitio para un código de barras lineal, muy extendido en farmacia y cosmética.
La señal que manda el sistema de verificación al expulsor para apartar la unidad defectuosa sin parar la producción. Sin expulsor, la verificación solo avisa, y el fallo sigue avanzando.
Poder ir del producto acabado a la materia prima y al revés. Es lo que permite acotar una incidencia a un lote concreto en lugar de retirar toda la producción de la semana.



Elegimos el equipo según lo que haya que comprobar y a qué velocidad, no según la marca. Si fabricas maquinaria y quieres integrar la verificación, mira el programa de distribuidores y OEMs.
Leer es comprobar que un escáner concreto lo entiende en ese momento. Verificar es medir su calidad de impresión contra la norma y darle una puntuación, de A a F, según contraste, uniformidad y defectos. Un código puede leerse hoy en tu planta y fallar dentro de dos meses en el escáner del cliente: la verificación detecta esa degradación antes de que se convierta en un rechazo.
No. Los sistemas se instalan sobre la línea existente y trabajan a velocidad de producción. Cuando detectan un fallo pueden avisar, registrar la incidencia o mandar la señal a un expulsor para apartar esa unidad sin detener el resto.
Sí, es lo más habitual. Lo que hay que resolver es el sitio físico para la cámara o el lector, la iluminación y de dónde sale la señal de disparo. Con eso y una salida hacia el expulsor o hacia el sistema de gestión, el conjunto funciona sin rediseñar la línea.
Sí. Con lectura de caracteres la cámara compara el texto impreso con el que debería salir según la orden de fabricación. Es lo que caza el error clásico de arrancar el turno con el mensaje del día anterior cargado en el codificador.
Depende de la cadena, pero el patrón se repite: etiqueta logística en formato GS1-128 con SSCC, código legible con un grado de calidad mínimo y capacidad de demostrar la trazabilidad del lote. Cada vez más pliegos piden además el registro de las lecturas, no solo la declaración de que se verifica.
Sí. Trabajamos sobre tu producto real, con tu impresión y tus condiciones de luz y velocidad, porque un envase brillante, un film arrugado o un fondo de color cambian por completo el resultado de una inspección por imagen.
Sí, con técnicos propios en España y Portugal. La puesta en marcha incluye el ajuste de la inspección y la formación del personal de línea, que es lo que evita que el sistema acabe desactivado a las tres semanas por falsos rechazos. Ver el servicio técnico.
Te hacemos la prueba con tu producto real y verás en directo qué detecta y qué no antes de decidir nada.
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