Codificar con láser no es imprimir. No hay tinta que se deposite encima del producto: el haz modifica el propio material del envase, quemándolo, decolorándolo, espumándolo o retirando una capa de barniz. Por eso el código no se borra, no se corre y no se puede falsificar sin que se note.
Eso también explica la única pregunta que importa de verdad al elegir un equipo: no es cuántos watios tiene, es si esa longitud de onda marca tu material. Un láser potentísimo sobre el plástico equivocado no deja nada legible, y uno modesto sobre el material adecuado deja un código impecable a toda velocidad de línea.
Las tres fuentes láser y qué marca cada una
En marcaje láser industrial se trabaja con tres tipos de fuente. Se diferencian en la longitud de onda, y la longitud de onda es lo que decide qué materiales absorben la energía y cuáles la dejan pasar.
Láser de CO2
Es el más extendido en codificación de envase y el que resuelve la mayoría de líneas de alimentación y bebida. Su longitud de onda la absorben bien los materiales orgánicos: cartón, papel, madera, vidrio, cerámica, muchos plásticos y, muy especialmente, envases con laca o barniz, donde el láser retira la capa superficial y deja aparecer el color del sustrato de debajo.
Lo que el CO2 no hace es marcar metal desnudo. Sobre acero inoxidable pulido la energía se refleja y el resultado es nulo o inconstante.
Láser de fibra
Trabaja en una longitud de onda mucho más corta que absorben bien los metales. Es la fuente para acero inoxidable, aluminio, latón, herramienta, pieza mecanizada y placa de identificación, con marcado permanente de alto contraste y también grabado en profundidad.
Marca además algunos plásticos técnicos y ciertos plásticos cargados, pero sobre material orgánico (cartón, madera, papel) rinde mucho peor que el CO2. No es que uno sea mejor: es que resuelven problemas distintos.
Láser UV
Es el que aparece cuando los otros dos queman. Trabaja en ultravioleta y su marcado se considera marcado en frío: la energía rompe enlaces del material en superficie en lugar de calentarlo, así que la zona afectada por el calor es mínima.
Se usa donde el producto no tolera aporte térmico o donde hace falta un contraste que el CO2 no consigue: plásticos claros y sensibles, envase farmacéutico, PET, film delgado, electrónica y componentes delicados. Sobre muchos plásticos donde el CO2 apenas deja una marca fantasma, el UV deja un código nítido sin deformar el envase.
Comparativa rápida
| Fuente | Materiales donde rinde | Usos típicos | Limitación |
|---|---|---|---|
| CO2 | Cartón, papel, madera, vidrio, cerámica, plásticos, envase lacado | Lote y fecha en envase de alimentación y bebida, caja, estuche | No marca metal desnudo |
| Fibra | Acero inoxidable, aluminio, latón, metal en general, algunos plásticos técnicos | Pieza mecanizada, herramienta, placa de identificación, marcado permanente y grabado | Rinde mal sobre cartón, papel y madera |
| UV | Plásticos sensibles, PET, film, envase farmacéutico, electrónica | Marcado en frío de alto contraste sin deformar el envase | Inversión superior, no es la opción para cartón corriente |
Qué equipos hay en el catálogo de Surjet
Dentro de la categoría de equipos láser trabajamos las tres fuentes:
- Láser de CO2 en 30, 40, 50 y 60 W. La potencia se elige por velocidad de línea y por cuánto material hay que retirar, no por calidad de marca.
- Láser de fibra en 30, 40 y 60 W para metal y plástico técnico.
- Láser de fibra S300 de 30 W, formato compacto para integrar en línea.
- Láser UV DLU520 de 5 W, compacto, para marcado en frío sobre material sensible.
- Codificador láser UV para líneas donde el aporte térmico no es admisible.
Lo que casi nadie presupuesta: la extracción de humos
Marcar con láser genera humo y partículas. Al vaporizar tinta de impresión, barniz o plástico se libera material en suspensión que va a parar a tres sitios: a la lente del equipo, al aire de la nave y a los pulmones del operario.
Si el humo se deposita en la lente de enfoque, la marca pierde contraste de forma progresiva. El síntoma es muy reconocible: el código sale perfecto el lunes y borroso el viernes, y alguien acaba subiendo la potencia para compensar, lo que solo acelera el ensuciamiento y acorta la vida de la fuente.
Por eso una instalación láser bien hecha lleva su extractor de humos con sus filtros desde el primer día. No es un accesorio opcional: es lo que mantiene la calidad de marca estable en el tiempo y lo que evita un problema de seguridad laboral.
Cuándo el láser no es la respuesta
El láser tiene una ventaja económica enorme: no consume tinta ni disolvente. Solo consume electricidad y algún repuesto puntual. Sobre volúmenes altos, el coste por código es difícil de batir.
Pero hay casos claros en los que conviene ir a inkjet continuo (CIJ):
- El material no marca. Hay plásticos y films que, con cualquier fuente, no dan contraste legible. Se prueba antes de comprar, siempre con el envase real.
- Hace falta color. El láser da el contraste que dé el material; no elige color. Con tinta se codifica en blanco, amarillo o el color que requiera el envase oscuro.
- El envase cambia constantemente. Si en la misma línea pasan materiales muy distintos, un CIJ es más tolerante.
- No se puede alterar el envase. En algunos productos el marcado permanente sobre el propio material no es aceptable estéticamente.
La comparación completa entre las dos tecnologías está en marcaje láser frente a inyección de tinta, y el detalle de las tintas, en la guía de tintas industriales.
Cómo elegir sin equivocarse
El orden correcto es siempre el mismo:
- Material del envase (y si va lacado, impreso o desnudo). Esto decide la fuente.
- Contenido del código: texto de lote y fecha, o también código 2D con trazabilidad. Un DataMatrix necesita más resolución y más contraste que dos líneas de texto.
- Velocidad de línea y espacio disponible para integrar el cabezal.
- Prueba con producto real, no con una muestra parecida. Es el único paso que no se puede saltar.
Si lo que necesitas es codificar lote y fecha de caducidad en una línea concreta, cuéntanos el material y la velocidad y te decimos qué fuente tiene sentido y cuál sobra. Y si el equipo ya está instalado y la marca ha perdido contraste, eso normalmente es lente sucia o extracción insuficiente, y lo ve nuestro servicio técnico.
Preguntas frecuentes sobre codificación láser
¿Qué láser elijo para codificar envases de alimentación?
En la inmensa mayoría de líneas de alimentación y bebida, el CO2. Marca cartón, vidrio, muchos plásticos y sobre todo envase lacado, que es donde da su mejor contraste retirando el barniz. Solo se va a UV cuando el plástico es sensible al calor o el CO2 no da contraste suficiente.
¿El marcado láser se puede borrar?
No. El láser altera el propio material del envase, no deposita nada encima, así que el código no se corre con disolvente ni se borra al frotarlo. Esa permanencia es justamente lo que lo convierte en una medida antifalsificación.
¿Cuánta potencia necesito?
La potencia no mejora la calidad de la marca, mejora la velocidad y la capacidad de retirar material. Si el equipo marca bien pero no sigue el ritmo de la línea, hace falta más potencia. Si marca mal, el problema es la fuente equivocada para ese material y subir watios solo empeora las cosas.
¿Es obligatorio el extractor de humos?
Técnicamente es imprescindible en cuanto se vaporiza barniz, tinta o plástico. Sin extracción, el humo se deposita en la lente y la marca va perdiendo contraste día a día, además del problema de calidad del aire para el operario. Se instala junto al equipo, no después.
¿El láser sale más barato que el inkjet?
En consumibles sí, porque no gasta tinta ni disolvente. La inversión inicial es mayor, así que la comparación real se hace por coste por código a lo largo de los años, y depende del volumen de producción. A partir de cierta cantidad de códigos al día, el láser se amortiza solo.